Ha fallecido Pablo Dominguez

pablo_dominguezQuizá no era conocido por todos nosotros, pero creo que se debe hacer mención de la muerte en un accidente en la montaña de Pablo Dominguez Prieto, el Decano de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid.  En el mismo accidente murió Sara de Jesús, profesora en la Francisco de Vitoria. Los que tuvimos la suerte de conocer a Pablo y ser sus alumnos, la noticia nos llena de inmensa tristeza, y aún más a los que compartieron muchas más vivencias con él. Es el caso del periodista José Francisco Serrano, que le ha dedicado este artículo en Análisis Digital. Pablo, descansa en paz e intercede por la diócesis ante el Padre:

 

Querido Pablo que estás… con don Eugenio

Nos despedimos el martes al término de la comida de expertos del próximo Congreso Católicos y Vida Pública. Eran las cinco de la tarde, las cinco de la tarde, las cinco de la tarde. Nos dijiste que salías “zumbando” para Tarazona a impartir un curso a los seminaristas y a dar unas conferencias. Entre bromas, hablamos de un amigo común elevado a un alta dignidad, de tus promesas en la comida a don José Manuel Otero Novas –no te preocupes, yo me encargaré de cumplirla y le enviaré, en tu nombre, el libro del Simposio de la Facultad de Teología san Dámaso sobre la Ley natural-, de las últimas noticias de la Facultad y de una próxima comida con nuestro Presidente, Alfredo Dagnino, para diseñar la colaboración de la Asociación Católica de Propagandistas en el ámbito cultural de la Jornada Mundial de la Juventud

Como siempre, entre bromas y juegos dialécticos, dijiste aquel “nos vemos… Dale una abrazo a tu mujer y rezo por mi tocayo Pablo”. No es verdad, Dios tenía en su misteriosa y misericordiosa Providencia otro plan, distinto… Ya no nos veremos.

Querido Pablo. Siempre fuiste un hombre de alturas, de cimas, de cotas profundas, que se alcanzan entre los esfuerzos del camino y los riesgos de la vida. Siempre fuiste líder, capitán, adalid, decano, mensajero. No tenías tiempo para ti, ni para lo tuyo. Cuántas veces me confiabas los libros que tenías en la cabeza, sobre la mesa, pero esa pulsión que te llevaba a querer estar en todos los sitios, especialmente allí donde se te llamara con urgencia, porque se te necesitaba, te había hecho olvidar lo tuyo y ser de todos y para todos. Y Dios Padre te necesitaba con Él en la contemplación del amor infinito, en su Gloria. Un accidente, y no me explico cómo un accidente puede ser sustancia de lo eterno, te ha llevado a ese encuentro definitivo con el Padre, y con los que gozan ya de la vida eterna.

Querido Pablo, convocaste a tu grupo de montañeros, ligado a nuestra querida Universidad Francisco de Vitoria, a una marcha por el Moncayo, tierra de frontera, tierra dura de movimientos geológicos y de tránsitos geográficos. Sólo se presentó Rosalía, con quien iniciaste la culminación de un acompañamiento espiritual. Habíais alcanzado la cima, comenzaba el descenso. Y en el camino de vuelta, qué es la muerte si no la vuelta definitiva al lugar de inicio, te encontraste con el abrazo eterno… y nosotros nos topamos, conocida la noticia, con la desazón y con el silencio, con tu palabra, con los recuerdos, con los proyectos –ese título conjunto con la Facultad de Humanidades del CEU -…

Querido Pablo, te lloramos. Dios quiere mucho a su Iglesia, a nuestra Iglesia, a la Iglesia que habita en Madrid. Quiso que pilotases, con espíritu de concordia, con claridad en las ideas, con fidelidad de servicio, el proyecto que nuestro cardenal, don Antonio María, había deseado y convertir la Facultad de Teología san Dámaso en un centro Universitario de Estudios eclesiásticos superiores. Hiciste de la Facultad un lugar, un espacio de pensamiento teológico y canonístico de referencia universal. Enseñaste a generaciones de sacerdotes, de teólogos y de filósofos, que la razón no es contraria a la fe, si no condición de ella. Recuerdo cuando nuestro cardenal te presentó, con motivo de la visita del Sínodo Diocesano, al Papa Benedicto XVI, y recuerdo lo que te dijo el Santo Padre. Ahora, desde el cielo, contribuirás a que la obra en la que estabas empeñado llegue a feliz término.

Querido Pablo, si imaginar pudiera cómo ha sido tu llegada al cielo, no puedo por menos de sentir que don Eugenio, nuestro querido don Eugenio Romero, salió a buscarte a la puerta.. a esa puerta del cielo que sólo traspasan los que han amado la voluntad de Dios sobre todas las cosas. Y allí, fundidos en una abrazo de amor, en un abrazo del alma, habréis mirado a quienes transitamos en este valle y con estas lágrimas, y os habréis empeñado en interceder ante Dios Padre, por Jesucristo Nuestro Señor y con la fuerza del Espíritu Santo, para que nuestra memoria no olvide que tu vida, querido Pablo, que vuestra vida, querido don Eugenio, fue pasión por la verdad de Dios y del hombre y transparencia de Evangelio.

Querido Pablo, que estás con don Eugenio en los cielos; no te olvides de nosotros, y de tu tocayo Pablito, de quien siempre te acordabas en su santo y que yo quise siempre se pareciera a ti, en todo, en todo. No te olvidaremos.

 

Más sobre Pablo:

Susana M. también nos comparte la tristeza que la muerte de Sara de Jesús ha causado en la Universidad Francisco de Vitoria. En una web de este centro les dedican otro emotivo artículo.

 

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3 respuestas

  1. Pablo ha dejado sembrada una semilla de mucha calidad entre nosotros. El fue el mediador para conocer a las Misioneras Oblatas de María Inmaculada, cuando éstas estaban haciendo el noviciado y aún no estaban aprobadas como Congregación. Siempre tengo muy vivas sus palabras: ¡FENOMENAL!¡ESTUPENDO! ¡MARAVILLOSO! ¡ESTAD SIEMPRE ALEGRES! y ¡DISFRUTA DE TU CONSAGRACIÓN!, ¡SER DEL SEÑOR ES LA MARAVILLA DE LAS MARAVILLAS! Y !NOS VEMOS EN LA EUCARISTÍA! AUNQUE NO NOS VEAMOS FÍSICAMENTE, NOS ENCONTRAMOS EN EL SAGRARIO.

    Así nos despedimos el sábado antes de irse al cielo, sé que ahora está FELIZ CON EL AMADO, para cuyo encuentro siento que siempre vivió preparado. Desde esta union con El, no dudo que Pablo sigue siendo mediador del Señor para nosotros, Sacerdote suyo PARA SIEMPRE.

    Mi querido hermano y amigo, Pablo: ayúdanos a llegar LEJOS Y ALTO (como me decías), a vivir siempre preparados para el encuentro con EL AMADO. Guardame un sitio y mientras llega el momento viviré como he visto en ti. En este año paulino El te tenia preparado el regalo del Encuentro. ¡¡FELICIDADES POR LLEGAR A LA META!!
    Hasta que nos encontremos… un fuerte abrazo y gracias porque sigues junto a nosotros por la MARAVILLOSA COMUNIÓN DE LOS SANTOS.

  2. Yo también tuve la suerte de ser alumna, en este caso, de Sara de Jesús. Ayer tuvo lugar una misa en la Universidad en su nombre y fue muy emotiva, la capilla estaba repleta de gente y hasta en los pasillos de fuera de la capilla se hacia dificil hacerse un hueco. Todos sus alumnos la recordamos sobre todo por su forma caracteristica de enseñar la materia, siempre desde su apasionado amor a la vida, a Jesús. No puedo dejar de pensar en una de sus clases donde nos contaba como ella veía el amor de Dios hacía los hombres; nos contaba, haciendo un simil, que ella se sentía en presencia de Jesús como aquella jovencita que en una fiesta se siente la más fea y desdichada y que nadie se fija en ella, pero que de repente se acerca a ella el chico más guapo de la clase y le dice que esta enamorado de ella desde el primer día y que nunca ha dejado de observarla y cuidarla. Ella nos explicaba asi que Dios nos quiere tal y como somos aunque muchas veces no nos demos cuenta o se nos olvide, y que siempre está con nosotros.
    La verdad es que es una gran pérdida, pero siempre nos quedará todo lo que nos enseñó, que fue mucho, y que seguro dará sus frutos.

  3. Tuve la suerte de ser su alumno. Son de esos profesores que te dejan huella. Siempre me llamó la atención la pasión con la que hablaba de la Verdad y cómo sabía poner ejemplos de la vida cotidiana lo que suponía renunciar en la vida a la búsqueda de esa Verdad. Pocos son capaces de hacerte vibrar interiormente en clase y él lo conseguía.
    Fuera de clase era sencillo y afable. Todas las personas que le han conocido me han hablado maravillas de él.
    Ahora ya está junto al Maestro. Intercede Pablo por tu querida Diócesis y haz que el Señor nos conceda personas como tú, inteligentes y audaces en el anuncio del Evangelio. Descansa en Paz.

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